Cada mañana, Brenda prepara a tres niños para empezar el día: su hija de seis años y sus dos nietos. Se ocupa de que coman, lleguen al colegio y tengan lo necesario. Lo hace mientras trabaja, de forma eventual, como ayudante de cocina y lavando ropa en casa. Pero al regresar, los cuatro vuelven a un espacio de apenas 18 metros cuadrados donde cocinan, duermen, estudian y conviven.
Brenda tiene 50 años y vive en Huaraz, Perú. Su historia ha estado marcada por situaciones difíciles desde muy joven. Perdió a su madre cuando tenía 11 años y tuvo que comenzar a trabajar siendo todavía una niña. A lo largo de su vida ha atravesado relaciones marcadas por la violencia y ha tenido que sacar adelante a su familia con sus propios recursos.
Hoy, vuelve a asumir una gran responsabilidad.
Además de su hija pequeña, Brenda se ha hecho cargo de sus dos nietos ante la ausencia de sus padres. Es ella quien sostiene actualmente el día a día de los tres niños: prepara sus comidas, acompaña su educación y procura que puedan crecer juntos y en un entorno estable.
Cuando una familia necesita también un espacio seguro
La familia vive en una construcción muy precaria sobre tierra batida de aproximadamente 18 m², cerrada con calamina. Disponen de un único espacio para dormir, y la cocina y el baño están prácticamente juntos.
En invierno, las filtraciones de agua empeoran todavía más las condiciones de la vivienda.
No se trata únicamente de tener más metros.
Un hogar adecuado permitiría a los niños descansar mejor, disponer de mayor privacidad, estudiar con más tranquilidad y vivir en unas condiciones de higiene y seguridad mucho mejores.
Por eso, dentro del acompañamiento que realiza Turmanyé a familias en situación de vulnerabilidad, se ha planteado la construcción de una nueva vivienda para Brenda y los niños.
Sobre un suelo de cemento la casa tendría dos plantas. En la primera estarían la sala, la cocina y un baño con ducha; en la segunda, dos dormitorios. Además dispondría de las instalaciones necesarias de agua, desagüe y electricidad.
Espacios muy sencillos, pero capaces de transformar la vida cotidiana de una familia.
Mucho más que construir una casa
Brenda ya está haciendo su parte cada día.
Trabaja cuando encuentra oportunidad, sostiene a su familia y trata de ofrecer a los niños estabilidad pese a las dificultades. La nueva vivienda no resolverá por sí sola todos sus problemas, pero sí puede darles algo fundamental: un entorno más seguro y adecuado para seguir adelante.
Esta es precisamente una de las formas de protección que impulsa Turmanyé. Acompañar a una familia también puede significar mejorar las condiciones que permiten que los niños crezcan en un entorno seguro.
Para hacer realidad esta vivienda se necesitan 5.100 €.
No hace falta cubrir el importe completo para formar parte del cambio. Con donativos de 20 €, 40 € o 50 €, muchas personas se pueden sumar para que Brenda, su hija y sus nietos puedan contar con un hogar más seguro, digno y adecuado para vivir.
Cada aportación nos acerca un poco más a hacer realidad esa casa.
Porque esta Navidad, para esta familia, el mejor regalo puede ser poder crecer en un hogar seguro.






