Danna, de 8 años de edad, con su sobrino Josué de seis meses en su regazo y un hatillo con el uniforme del colegio guardado, permanece varias horas al día pidiendo limosna en la calle. Aunque acude a clase, sus bajas calificaciones e inasistencias hicieron saltar las alarmas en la escuela.
La mendicidad forzada es considerada por la OIT (O Organización Internacional del Trabajo) como una de las manifestaciones más crueles de Trabajo Infantil. Trabajo Infantil que afecta a 138 millones de niños en el mundo, de los cuales 54 millones hacen tareas consideradas peligrosas, y cuyo Día Internacional se celebra el 12 de junio.
Nos asomamos al hogar de Danna
María, su hermana mayor, de 15 años, es la que sustenta a toda la familia trabajando en un mercado. Todos viven con el abuelo desde que su madre se fue con otro hombre. Su padre está en la cárcel.
María acordó con el abuelo que cuidaría del bebé y de que Danna asistiera al colegio, mientras ella, renunciando a sus estudios, trabaja duro.
Sin embargo, el abuelo obliga a Danna, bajo amenazas, a salir a pedir limosna con el bebé en brazos cada mañana para comprar singani (aguardiente de uva). A veces, la niña llega tarde al colegio porque no consigue a tiempo el dinero que le exige. Cuando María vuelve a casa, Danna esconde la verdad para no preocupar a su hermana y simula hacer los deberes. El miedo es su compañero de sueños.
En este hogar el nivel de desprotección de Danna es alto: entorno familiar desestructurado, abandono, maltrato físico y psíquico. Desconocemos qué ha llevado a María a ser madre adolescente, y la ausencia del padre de su bebé forma también parte del contexto. Una historia cargada de múltiples indicadores de experiencias traumáticas.
Consecuencias de sufrir desprotección infantil
Con frecuencia, personas cercanas a los niños —como vecinos o educadores— son las que detectan señales que hacen sospechar la existencia de negligencia o de abuso. Esos indicios suelen ser, además, las primeras consecuencias visibles de una situación de desprotección infantil. Sus efectos pueden aparecer en la infancia, en la adolescencia, incluso en la vida adulta, manifestándose en todos estos niveles:
– A nivel físico, falta de higiene, desnutrición, lesiones y heridas que no concuerdan con las explicaciones dadas, son indicadores claros de negligencia y/o maltrato infantil. Incluso a medio y largo plazo, ciertas enfermedades psicosomáticas asociadas al sufrimiento infantil como trastornos alimenticios, trastornos del sueño, dolores crónicos y otras patologías, se agravarán.
– A nivel emocional, el niño genera un apego inseguro, desestructurado, en el que se entremezclan sentimientos intensos de culpa, miedo, vergüenza, desesperanza… Todo ello en un cóctel que no puede gestionar. A largo plazo, puede derivar en una estabilidad emocional muy frágil y manifestarse en trastornos como el estrés postraumático, la depresión o la ansiedad.
– A nivel comportamental el niño desprotegido suele ser disruptivo o excesivamente complaciente; o alterna ambas conductas, reflejando su dificultad para gestionar el dolor que sufre y su falta de herramientas para expresar y gestionar sus emociones. Como consecuencia, aumenta su vulnerabilidad ante conductas de riesgo, el consumo de sustancias y otras adicciones.
– A nivel relacional, una autoimagen dañada y unas relaciones familiares deficitarias dificultan la construcción de vínculos sanos. La baja autoestima de Danna se expresaba en mentiras frecuentes con las que intentaba sentirse importante ante sus compañeras de colegio, y en pequeños hurtos que facilitaban la recaudación para el consumo de alcohol de su abuelo.
– A nivel de aprendizaje, la exposición continuada a estados de alerta altera circuitos neuronales esenciales y puede provocar déficit de atención, problemas de memoria y, en consecuencia, bajo rendimiento escolar. Éste fue, afortunadamente, el indicador que alertó a la profesora de Danna: la niña faltaba frecuentemente a clase, tenía dificultad para seguir instrucciones y estaba ausente.
– El ciclo se perpetúa. Las personas víctimas de maltrato en su infancia tienden a repetir los patrones aprendidos; no porque quieran hacer daño, sino porque no conocen otro modelo de educación para sus hijos y relaciones parentales.
La necesidad de intervenir a tiempo
Está demostrado que, si la desprotección persiste en el tiempo, las consecuencias perdurarán durante toda la vida. Casos como el de Danna y su familia exigen una intervención urgente por parte de instituciones, administraciones públicas y organizaciones sociales que aborden las necesidades de la infancia vulnerable. Esa respuesta debe traducirse en medidas de protección concretas, y en acciones orientadas a garantizar la seguridad, el desarrollo y el bienestar de la niña, de su hermana y su sobrino.
Muchas situaciones de desprotección y explotación infantil permanecen ocultas, agravándose día a día en el silencio de las calles. Alianza Solidaria nació precisamente para romper ese silencio, ser su voz, y ofrecer una respuesta real a la infancia vulnerable apoyando proyectos de Protección. [Conoce nuestro trabajo aquí].
Pero para cambiar el rumbo de estas historias, te necesitamos a ti. Con un donativo mensual de 10 €, 15 € o 20 €, puedes hacer posible que una niña como Danna deje la calle, recupere su infancia y vuelva a sonreír en el colegio.




