Más de la mitad de la población infantil global sufre algún tipo de desprotección. Una terrible realidad que viven mil millones de niños indefensos en el mundo.
En el artículo anterior expusimos los distintos tipos de desprotección infantil, una problemática que afecta a todos los países de este vasto mundo, aunque con sus respectivas particularidades según el contexto social.
Pero entender cómo se manifiesta no es suficiente. Para abordar realmente esta problemática, es necesario conocer cuáles son las causas.

Cuando el entorno más cercano falla
El hogar, que debería ser un lugar seguro, puede convertirse en el principal foco de peligro para los menores.
- Diversas condiciones – adicciones, conductas delictivas, desestructuración familiar, falta de habilidades parentales — pueden limitar la capacidad de los padres o figuras parentales para proveer una atención adecuada a las necesidades de sus hijos. En un grado más alto de peligrosidad dentro del entorno familiar, pueden aparecer situaciones de maltrato físico o emocional, abuso sexual o negligencia grave. Como los agresores, lamentablemente, forman parte del entorno cercano, aumenta la vulnerabilidad y el silencio.
Consideremos, por ejemplo, la situación de Bolivia. En el periodo entre 2021 a 2025, se contabilizaron 43.251 denuncias de 12 formas de agresión contra niñas, niños y adolescentes (NNA), siendo la violencia familiar la más recurrente, según datos del Observatorio Boliviano de Seguridad Ciudadana y Lucha Contra las Drogas (OBSCD).
- La pobreza es quizá el factor más determinante en la desprotección pues afecta de forma multidimensional. La falta de recursos impide que los padres puedan garantizar una alimentación adecuada a sus hijos, y dificulta el acceso a servicios básicos, educación o atención sanitaria, por mucho que se esfuercen. Un trabajo precario, la exclusión social, la falta de apoyo y de herramientas para una crianza positiva por parte de las instituciones gubernamentales perpetúa ciclos de vulnerabilidad difíciles de romper.
Otro dato: más de 1,8 millones de personas peruanas viven en pobreza extrema, siendo la infancia uno de los grupos más afectados agravándose en el ámbito rural.
Cuando la sociedad también vulnera
Más allá del ámbito familiar, existen factores sociales y culturales que incrementan significativamente el riesgo de desproteccióm.
- La discriminación por género, la discapacidad, la migración o la nacionalidad incrementa de manera significativa la exposición de los niños a situaciones de violencia. El abuso sexual en cualquiera de sus formas es el tipo de maltrato infantil más escondido, pero más perpetrado. Lexa tiene una historia que contar en este sentido.
Una de cada cinco niñas y uno de cada siete niños son víctimas de violencia sexual, según UNICEF, a nivel mundial.
- Las prácticas culturales nocivas representan otro grave peligro para la infancia. Cientos de millones de niñas han sido sometidas al matrimonio infantil y la mutilación genital femenina. A pesar de que ambas prácticas están reconocidas internacionalmente como violaciones de los derechos humanos se estima que 4,5 millones de niñas aún corren el riesgo de sufrir mutilación genital anualmente, muchas de ellas menores de cinco años.

Cuando el contexto global agrava la vulnerabilidad
A estos factores enumerados sucintamente se suman otros de carácter estructural y global que intensifican la desprotección infantil.
- Los conflictos armados, las migraciones forzadas y las crisis humanitarias obligan a millones de niños a abandonar sus hogares, separarse de sus familias y enfrentarse a situaciones de violencia, explotación o reclutamiento, dejando en sus vidas cicatrices imborrables.
- Del mismo modo, las catástrofes naturales y el impacto del cambio climático destruyen comunidades enteras, interrumpen el acceso a la educación, debilitan los sistemas de protección y golpean sin tregua a los niños.
Mirar más allá para comprender
Cuando varios de estos factores se combinan, el riesgo de desprotección se multiplica. Detrás de cada niño en situación de vulnerabilidad hay una historia que hay que examinar en profundidad porque está causando destrozos en su vida. De las consecuencias que la desprotección provoca en la infancia hablaremos en el próximo artículo.
Pero, cuando el entorno que debería proteger falla surge una pregunta inevitable: ¿quién cuida entonces?
El 31 de mayo, con motivo del Día Mundial del Acogimiento Familiar, se pone el foco precisamente en esa necesidad: la de garantizar que todos los niños y niñas crezcan en un entorno seguro, estable y afectivo, especialmente cuando su propia familia no puede ofrecérselo.
En Alianza Solidaria trabajamos para hacer esto realidad a través del proyecto Turmanyé.





