Actualización | Octubre 2026
Venezuela: la respuesta continúa
Gracias a la respuesta recibida desde los primeros días de la emergencia, hemos podido seguir acompañando a las familias afectadas por los terremotos en Venezuela.
Junto a la Fundación Doulos, el trabajo se ha desarrollado directamente en las zonas afectadas, evaluando las necesidades y coordinándonos con iglesias locales y otras organizaciones para que la ayuda llegue allí donde realmente es necesaria.
¿Qué se ha hecho hasta ahora?
- Se han instalado dos equipos para la potabilización de agua, formando a responsables locales para su uso y mantenimiento.
- Se han distribuido alimentos y productos de higiene.
- 118 adultos y 210 niños han recibido primeros auxilios psicológicos, y 26 pastores y líderes han sido capacitados en herramientas de ayuda emocional y espiritual.
- También se ha formado a voluntarios e iglesias de las propias comunidades para que puedan dar continuidad al acompañamiento.
Una nueva fase de intervención
Después de tres meses, las necesidades han cambiado. En algunas zonas, la alimentación y la atención sanitaria ya están siendo cubiertas por otras organizaciones. Por eso, durante los próximos cuatro meses, el trabajo se concentrará principalmente en Playa Grande y las zonas rurales de Colonia Tovar.
Volver a las aulas también forma parte de la recuperación
Esta nueva etapa ya comienza a verse sobre el terreno. En las zonas rurales, las propias iglesias y voluntarios se han implicado en la reconstrucción de las escuelas dañadas, utilizando materiales disponibles en las comunidades para que los niños pudieran regresar cuanto antes a las aulas.
Con las clases de nuevo en marcha, ya ha comenzado también la entrega de kits escolares. Desde el equipo local nos cuentan la ilusión con la que los niños los están recibiendo: para muchos, estrenar su material ha sido casi como recibir un regalo.
Pero no en todas las zonas es posible volver al colegio todavía.
En Maiquetía, algunas escuelas fueron destruidas por los terremotos y otras continúan utilizándose como albergues. A estas dificultades se suma una realidad menos visible: el impacto emocional que la emergencia ha dejado en la infancia.
Algunos niños tienen que acudir ahora a escuelas más alejadas y tanto ellos como sus familias siguen sintiendo miedo. Para otros, regresar a la escuela significa enfrentarse a la ausencia de compañeros que fallecieron durante la emergencia.
Por eso, el acompañamiento emocional se ha convertido en uno de los principales focos del trabajo con la infancia. Ya están comenzando grupos en los que los niños compartirán un refrigerio y trabajarán con materiales orientados a ayudarles a expresar lo vivido y recuperar poco a poco la seguridad.
Las iglesias y los voluntarios locales tendrán también un papel importante en este proceso.
La emergencia ha cambiado y nuestra respuesta también tiene que hacerlo: seguir escuchando las necesidades, adaptarnos a ellas y acompañar a las familias en el camino hacia la recuperación.







