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“El agua pura es la primera y más importante medicina del mundo”. Es imprescindible para la vida. Sin agua no hay vida. Un 50% de nuestro cuerpo es agua (en los niños es hasta el 70%) que necesita ser renovada, suplida, cada día. Así que imaginaos lo que supone carecer de este simple elemento.

Durante 5 años, a través del llamado “programa WASH”, la ONU ha estado proporcionando agua a los refugiados en Líbano, una vez a la semana, con un camión de agua de 500L que llenaba sus cisternas. El programa satisface el 60% de las necesidades del campamento. En la temporada de verano, los refugiados afirman que el agua apenas les llega para uno o dos días.

La pregunta que nos hacemos es: Este programa ¿funciona realmente bien?

Tras una encuesta que realizamos en algunos de los campamentos, los refugiados afirman que desde hace un año no obtienen agua de ninguna ONG. Algunas familias compran agua a comerciantes locales (a 15.000 libras libanesas los 100 litros, es decir 8,30€). Teniendo en cuenta que el 70% de las familias refugiadas viven por debajo del umbral de la pobreza con menos de 1,60€ al día, comprar el agua necesaria se hace muy difícil. Otras familias utilizan el agua del pozo de su casero y el resto se abastece del agua del canal que bordea el camino lateral del campo o suben a las colinas para encontrar crecidas en las que llenar sus garrafas. Sin embargo, todos los refugiados utilizan el agua del canal para lavar sus ropas, alfombras y tiendas de campaña. Que no es que esté muy limpia pero es mejor que utilizar el agua por la que están pagando o que les cuesta tanto esfuerzo obtener.

La siguiente pregunta que nos hicimos es: ¿dejó la ONU de distribuir agua? Descubrimos que en algunas calles o campamentos, los proveedores de agua locales habían amenazado a los transportistas del programa WASH para que no volvieran y así poder vender ellos su agua. Y esto viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, en muchos valles e incluso en campamentos lejanos. También la ONU comenzó a instalar tuberías en los campamentos en junio de 2017, pero el proyecto se prohibió desde el principio o se robaron y vendieron las tuberías.

El agua que el programa WASH proporcionaba era agua potable y se podía utilizar para cualquier otro propósito. Pero, ¿qué pasa con el agua que distribuyen los proveedores locales? En verano de 2020, se envió a analizar una muestra de agua de uno de los campos que atiende nuestra contraparte “Together, For the Family” y que nos proporciona el mismo distribuidor local que distribuye a los campamentos en nuestra región. Los resultados mostraron que el agua era totalmente no potable, contiene muchas bacterias y otros microorganismos. Esta agua es la que utilizan los refugiados para beber y para cualquier otro menester, poniendo en riesgo su salud y la de sus hijos. Lo triste es que esta situación es generalizada a todos los campos de refugiados en todos los países.

Cita: Proverbio eslovaco.

Para más información sobre el programa WASH de la ONU: https://bit.ly/3cNUlZh

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