Moisés - Haití

En Haití colaboramos con House Hope Haití, entidad que nace del esfuerzo de una pareja de misioneros haitianos que, después del terremoto que asoló el país en 2010, empezó a dar cobijo a los niños de su entorno que habían quedado en desamparo.

Colegio en el que estamos apadrinando

Colegio Cristiano De L’Espoir

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CONTEXTO SOCIAL

Capital: Puerto Príncipe
Población: 11.700.000 habitantes

Haití es el país más pobre del continente Americano y 1 de los 5 países más pobres del mundo.

Tiene una superficie de 27.750 km2, de los cuales sólo el 28,11 % del territorio es cultivable. El ingreso per cápita es de 1.000 € al año, y su sistema productivo se divide en: 25% agricultura, 16 % industria y y 59 % servicios. 

La trayectoria de Haití se caracteriza por la inestabilidad institucional y las carencias económicas; desabastecimiento de productos básicos y una inflación galopante. Conviven con la corrupción, una economía maltrecha y emergencia social. El 60% de la población vive con menos de 2 dólares al día y más de 2,5 millones de haitianos viven por debajo de la denominada línea de pobreza extrema.

La edad media de la población es de 23 años, y el 70% tiene menos de 35. La media de vida en los hombres es de 61 años y en las mujeres de 64. Haití no produce casi nada. El país está en desamparo económico y endeudado con numerosas organizaciones internacionales, lo que hace imposible construir hospitales, centros de salud, escuelas o universidades.

Uno de cada dos haitianos, mayor de 15 años, es analfabeto. Más de 200.000 menores no están escolarizados. La calidad de la educación es baja, y el 90% de las escuelas son administradas por entidades privadas que demandan mensualidades prohibitivas para familias de bajos ingresos.

Entre 225.000 y 300.000 niños trabajan como restavèks (tareas domésticas). A menudo, estos menores no reciben pago alguno ni tienen acceso a la educación, y son abusados física o sexualmente. Miles de haitianos siguen viviendo en campos de desplazados, donde tienen acceso limitado, o nulo, a servicios básicos como agua, inodoros, servicios de salud y escuelas.

Por su ubicación, también es vulnerable a repetidas catástrofes naturales. Los huracanes golpean el país frecuentemente. Los terremotos desatan a menudo su furia como en 2010, que con una magnitud de 7,3 en la escala de Richter, arrasó el país entero y más de 220.000 personas murieron. Y aunque esto despertó una “ola de solidaridad» internacional (Haití es el país con mayor número de ONGs por habitante), a día de hoy no se ven progresos sustanciales. El desempleo sobrepasa el 40% y en muchos lugares impera la anarquía.

Una sequía persistente afecta, además, a gran parte del país. Esto ha elevado la cantidad de personas que viven en situación de inseguridad alimentaria a un tercio de la población. El cólera, endémico en este país, se ha cobrado más de 10.000 vidas y ha infectado a más de 780.000 en los últimos años.

La pandemia ha sido desastrosa para el país. Más por la escasez de alimentos que ha provocado y las revueltas violentas que sufren desde 2019, que por la enfermedad misma. Si su situación ya era delicada, ahora, es crítica. La escasez de alimentos y la pobreza de las dos terceras partes de la población ha hecho que el país se encuentre es situación de urgencia alimentaria.