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Pablo tiene 38 años y es padre de familia. Él, su mujer y sus 3 hijos viven en Charallave en el Estado Miranda (Venezuela). Hasta el 2019 vivían en la capital del país, Caracas. Allí les costaba mucho encontrar alimentos. Tenían que perseguir a los camiones de suministro de los supermercados para lograr ser de los primeros y adquirir provisiones. Como padre de familia sentía mucha impotencia al ver cómo sus hijos estaban pasando hambre. Esto le llevó a tomar la dura decisión de cambiar de lugar de residencia. Pablo consiguió un puesto como guardés de una gran finca y toda la familia vive allí ahora.

Seguramente os preguntaréis: ¿por qué es una difícil decisión tener que dejar la gran ciudad para ir a vivir a las montañas? Pues la razón se encuentra en una de las hijas, Paula. Padece de una enfermedad rara de origen genético llamada Wolf-Hirschhorn. Tiene bajo peso y estatura, una cardiopatía congénita y sufre convulsiones que afectan profundamente a su salud. Le detectaron la enfermedad con 2 años de edad y le dieron una esperanza de vida de otros 2 más. Toda la familia está muy agradecida a Dios porque no se cumplieron las expectativas médicas y Paula sigue con ellos, a pesar del retraso que presenta en su desarrollo y de los tratamientos que necesita. Los padres se esfuerzan por protegerla lo más posible para que no se enferme. Desean ofrecerle una dieta equilibrada y rica en nutrientes. En la actualidad, para poder atender al tratamiento médico y educativo de su hija, necesitan de la ayuda de amigos y conocidos que colaboran con ellos para afrontar todos los gastos. Como consecuencia deben aprovechar los recursos de los que disponen al máximo, lo que afecta a su dieta que es muy limitada. En el campo han podido criar conejos, que junto con harinas refinadas y legumbres (cuando las hay), forman su alimentación actual. Saben que les faltan vegetales y frutas que podrían obtener al cultivar un huerto.

Pablo está muy contento por haber sido seleccionado en el proyecto “SEMBRANDO HUERTOS, COSECHANDO VIDAS”. Tiene muchas ganas de empezar a sembrar, junto con su familia, en un pequeño terreno del que dispone en la finca que cuida. Poder tener formación y semillas llena su corazón de esperanza. «Poder contar con capacitación y semilla, a través del proyecto Huertos, me da esperanza» comenta Pablo.

Nos encantaría poder contar con tu ayuda para que esta ilusión pueda hacerse realidad.

Puede colaborar con donativo de 5€, 10€, 15€….

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